GRACIAS, Dr. MIGUEL ÁNGEL MÁRQUEZ, por su mensaje de “felicidad”.




Por Rubén Fernando Morales Rey 


GRACIAS, Dr. MIGUEL ÁNGEL MÁRQUEZ, por su mensaje de “felicidad”.  ESCUCHE el Podcast en YouTube AQUI

Pero dígame algo de frente: ¿de qué se ríeeee, señor abogado?  ¿De que los obreros coman menos, mientras usted y sus afectos gozan de sobra en sus “curules”… o mejor dicho, en sus “qurules”?

Porque lo que usted celebra no es una noticia: es una puñalada.  Y lo que usted llama “felicidad”, para el pueblo trabajador es hambre, angustia, deuda, y humillación.

¿De qué se mama usted?  ¿De un miserable “salario” de 500… millones mensuales en Ecopetrol?  Y eso sin contar “patas” y barbachas, sin contar favores, sin contar contratos, sin contar el festín que se reparten mientras al obrero le recortan el plato.

Ustedes son los grandes abogados de “patrones”.  Los mensajeros de los dueños.  Los socios amorosos del gran emperador criollo: PILONIETA,  y los curadores de esa cruz gamada escondida en Santander: los que se creen nobles, los que se creen puros, los que se creen intocables.

Sabios de Vanguardia, émulos del dios Hermes…  mensajeros, sí, pero patro-nales, ese es el “juste”.  Transportadores del oro, administradores del soborno elegante: monedas limpias por fuera, podridas por dentro.  Monedas destinadas a comprar y pagar a los Judas del pueblo en altas instancias.

Porque esto no es justicia.  Esto es Consejo de Estado y demás altas cortes imperiales: hijas paridas de un Congreso que se vende, una asociación para elegir las C-AMARGAS horas del dolor.  Verdugos de obreros en cofradía.  Dueños y señores en sus “palacios de las injusticias”.

Palacios con sótanos directos al Senado y a las cámaras romanas, por donde se desaguan las cañerías, y corre la “composta” de sus mafiosas leyes.  Leyes hechas para el patrón, no para el pueblo.  Leyes hechas para el poderoso, no para el trabajador.

Por eso repito:  ¡Gracias y alegría por quitarle la comida al hambriento!  ¡Gracias por celebrar la caída del salario mínimo vital!


¿Alegría para quién?  ¿De qué se ríen?  ¡Si hasta a Dios Cristo… lo pelaron!

El salario mínimo es eso: mínimo… miserable mínimo.  Mismo pago con sal romana y comida, como en el imperio: para que el esclavo —que no era humano sino “cosa”— pudiera ser explotado, comprado, vendido y hasta matado.

Ustedes están devolviendo al pueblo al circo.  Reduciendo a los trabajadores a gladiadores: a pelear con un tigre destripador, en la arena, para goce del poder…  y para goce de los mismos pobres, engañados con “pan y circo” y con $ de votos.

Así se fabrica la desgracia: se les enseña a aplaudir la sangre, a gritar de emoción mientras la bestia arranca la carne, mientras brota la sangre, mientras se comen el corazón y las entrañas en público, y el pueblo termina celebrando la muerte de sus propios hermanos de clase.

Eso es lo que ustedes representan: delirantes genocidas del circo romano, felices con el dolor ajeno, felices con el hambre del obrero.

Y ahí están los magistrados, felices también.  Consejo de Estado: Juveral y Díaz C-AMARGOS, fruto de besos y monedas de Judas.  Pago a manguitas criminales: traidoras, gorilas y flores, pichas de su elección.

Siete jinetes del Apocalipsis, en cámara ardiente.  Los mismos de siempre.  Herederos de la crueldad, de la deshumanización esclavista de Roma.  La misma que mató al guerrillero y al Dios “Cristo”.

Pero Cristo —ese que ustedes también pelaron— no vino a bendecir su banquete.  Vino a liberar de la pobreza a los miserables y desamparados, a los habitantes de las catacumbas, a los que ustedes desprecian, a los que ustedes exprimen, a los que ustedes quieren callados y arrodillados.

Por eso, no:

no hay nada que celebrar.

Lo que ustedes celebran es hambre.

Lo que ustedes celebran es esclavitud moderna.

Lo que ustedes celebran es la derrota momentánea del pueblo trabajador.

Y el pueblo no se va a quedar en silencio.



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