La soberanía no se negocia
Hay una frase que resume buena parte de la tragedia política latinoamericana: cuando un país -como Venezuela y/o Colombia- renuncian a su soberanía por miedo, deja de gobernarse a sí mismo. No importa cuál sea la justificación. Puede llamarse cooperación internacional, lucha contra el narcotráfico, defensa de la democracia o seguridad hemisférica (Plan Colombia 2.0). Si las decisiones fundamentales de una nación terminan condicionadas por la voluntad de una potencia extranjera -como EEUU- , la soberanía deja de ser un principio constitucional para convertirse en un simple discurso patriótico. Desde esta perspectiva, la actuación de Estados Unidos frente al secuestro de Nicolas Maduro representa mucho más que un episodio de confrontación política. Para quienes consideran que se trata de una actuación ilegítima, el mensaje es inquietante: la superpotencia se reserva el derecho de decidir quién puede gobernar y quién debe responder ante sus tribunales. El debate, entonces, ya no gira únic...