Ya sé por quién votar al Senado
Santander ha sido tierra electorera de clanes “chimbos”: expresiones del gamonalismo pueblerino, advenedizos que pasaron de menos a más apoyados en la fuerza, la intimidación o la violencia. Así llegaron primero a la notoriedad y luego se incrustaron en la maquinaria clientelista: puestos y contratos a cambio de votos, lealtad y silencio. Con el tiempo crecieron hasta tomarse empresas e instituciones públicas, y cada cuatro años vuelven a exigirle al pueblo listas de votantes. Esos gamonales —capos regionales— siguen usurpando el poder y los presupuestos, ahora a través de sus hijos. Apenas vamos en la segunda generación, mientras los capos nacionales ya van por la tercera generación. Y el pueblo no ha logrado sacudirse esa estructura de feudalismo político. Nunca desarrollamos plenamente el capitalismo moderno, y el mundo ya entró en la fase del tecnofeudalismo. En Colombia brincamos de la mula al avión en el siglo XX, y ahora nos quieren hacer brincar del esclavismo al tecnofeud...