Colombia ante lo impensable
Colombia ante lo impensable.
Seguridad alimentaria en un mundo al borde de la aniquilación mutua asegurada.
Por Mauricio García Ortiz
Hay escenarios que parecen tan lejanos que preferimos no pensarlos. Uno de ellos es la posibilidad de una guerra nuclear global. Sin embargo, el hecho de que exista la doctrina estratégica llamada Mutual Assured Destruction —la aniquilación mutua asegurada— demuestra que el mundo lleva décadas viviendo bajo un equilibrio frágil sostenido por la amenaza del desastre total.
Hoy, la capacidad de destruir la civilización no está dispersa entre millones de personas, sino concentrada en muy pocos centros de poder político y militar. La historia ha demostrado que las decisiones humanas no siempre son racionales ni prudentes. Por eso, aunque el escenario parezca improbable, ignorarlo sería una irresponsabilidad estratégica.
Colombia no es una potencia nuclear ni un objetivo militar prioritario en una eventual confrontación entre grandes potencias como United States, Russia o China. Pero en un mundo interconectado, la guerra nuclear no afectaría solo a quienes reciben las bombas. Sus efectos globales —colapso económico, ruptura del comercio internacional y alteraciones climáticas como el posible Nuclear Winter— repercutirían sobre todos los países.
Ante ese escenario, surge una pregunta fundamental: ¿está Colombia preparada para alimentar a su población si el sistema global de comercio colapsa?
Paradójicamente, nuestro país posee algunas de las condiciones naturales más favorables del planeta para enfrentar una crisis alimentaria global. Colombia cuenta con abundancia de agua, diversidad climática, suelos fértiles y la posibilidad de producir alimentos durante todo el año. Pocos países del mundo pueden cultivar simultáneamente arroz, maíz, papa, yuca, plátano, fríjol y múltiples hortalizas en distintas regiones y altitudes.
Pero esta riqueza natural convive con una contradicción histórica. Gran parte de nuestro territorio rural está subutilizado o concentrado en formas de producción que no priorizan la seguridad alimentaria. Mientras millones de hectáreas se destinan a ganadería extensiva de baja productividad, la superficie dedicada a cultivos básicos sigue siendo relativamente limitada. No se trata solo de producir más alimentos, sino de planificar inteligentemente el uso del suelo.
En un escenario de crisis global, el desafío no sería únicamente agrícola. Sería, sobre todo, un desafío de organización nacional. La producción de alimentos podría mantenerse o incluso ampliarse, pero el verdadero problema sería garantizar que esos alimentos lleguen de manera equitativa a todos los hogares colombianos.
La historia demuestra que en situaciones de emergencia los mercados por sí solos no siempre garantizan la distribución justa de bienes esenciales. Por eso, pensar en la seguridad alimentaria nacional implica prever mecanismos de almacenamiento estratégico, logística eficiente, reservas de semillas, protección del transporte rural y, si fuera necesario, sistemas temporales de racionamiento que eviten el acaparamiento y la especulación.
Planificar no significa sembrar miedo. Significa ejercer responsabilidad. Los países que sobreviven mejor a las crisis profundas no son necesariamente los más ricos, sino los que han pensado con anticipación cómo proteger a su población.
Colombia tiene una ventaja invaluable: su territorio puede ser un gran granero tropical. Pero esa ventaja solo se convierte en seguridad real cuando existe planificación, infraestructura rural, acceso equitativo a la tierra y políticas públicas orientadas al bienestar colectivo.
La posibilidad de una guerra nuclear global puede parecer remota. Ojalá nunca ocurra. Pero precisamente por la magnitud de sus consecuencias, ignorarla sería una forma de ingenuidad peligrosa.
Pensar en la seguridad alimentaria del país no es un ejercicio de catastrofismo. Es, en el fondo, un acto de responsabilidad histórica con las generaciones presentes y futuras. Colombia posee el agua, la tierra y el clima para alimentar a su pueblo incluso en los tiempos más difíciles. El desafío verdadero no está en la naturaleza, sino en nuestra capacidad de organización, previsión y justicia en la distribución de lo que producimos.
Prepararse para lo impensable es, en última instancia, una forma de proteger la vida.
![]() |
| La guerra a la mano. Arnulfo Medina 2026 |


Excelente artículo, mi estimado Mauricio: trae a colación un tema muy vital y neurálgico. La Seguridad Alimentaria, se soporta en cuatro pilares claves "disponibilidad, acceso, utilización e inocuidad"... Éste último, está siendo vilipendiado por décadas bajo publicidad engañosa y la manipulación de pseudoexpertos en salud y nutrición. Un abrazo fraterno. Felicidades...
ResponderBorrar