FRENTE AMPLIO POR LA VIDA: UNA PROPUESTA DE UNIDAD PARA SANTANDER
FRENTE AMPLIO POR LA VIDA: UNA PROPUESTA DE UNIDAD PARA SANTANDER
Deponer las diferencias para construir una convergencia democrática regional y nacional
En medio de la creciente tensión política que atraviesa Colombia y de cara a las próximas jornadas de movilización y organización popular, diferentes sectores políticos, sindicales, comunitarios, ambientales y sociales de Santander vienen planteando la necesidad de construir un amplio escenario de unidad en la diversidad.
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La propuesta, expuesta recientemente por Luis Alfredo Muñoz representante del Partido de los Trabajadores de Colombia en Santander y de la denominada Coalición Santandereana por la Vida, parte de una premisa sencilla pero políticamente trascendental: ningún sector, por sí solo, está en capacidad de enfrentar los grandes desafíos que se avecinan.
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La discusión, por tanto, ya no debería centrarse exclusivamente en quién lidera, quién encabeza una lista o qué organización obtiene mayor representación. El desafío consiste en determinar cómo construir una fuerza democrática capaz de actuar colectivamente en defensa de la vida, los derechos sociales, la soberanía y la democracia.
Una coalición que trascienda las estructuras partidistas
Según la propuesta presentada, la Coalición Santandereana por la Vida pretende reunir a sectores de la izquierda y el progresismo, liberales independientes, organizaciones sindicales, movimientos comunitarios, campesinos, ambientalistas, ciudadanos libres, comunidades afrodescendientes, sectores LGBTIQ+, movimientos alternativos, intelectuales y personalidades democráticas.
La idea central es construir una convergencia que no quede limitada a una sola organización política.
El planteamiento expresado durante la reunión fue contundente:
“Un Frente Amplio por la Vida con el Pacto, no contra el Pacto ni al interior del Pacto.”
Esta distinción es importante.
La propuesta no plantea que el Frente Amplio sea absorbido por el Pacto Histórico ni que funcione como una estructura subordinada a este. Tampoco propone enfrentarlo.
La apuesta consiste en construir una alianza más amplia, donde el Pacto Histórico sea uno de sus componentes, junto con otros sectores políticos y sociales que compartan unos mínimos programáticos.
En otras palabras: ellos y nosotros, juntos, sumando más fuerzas.
La unidad como respuesta a la fragmentación
Uno de los aspectos más fuertes de la intervención fue la crítica al sectarismo, el dogmatismo y las prácticas políticas que, según los participantes, han debilitado históricamente a los sectores alternativos.
Se recordó particularmente la experiencia de procesos electorales anteriores, en los que sectores que habían contribuido a construir determinadas candidaturas terminaron perdiendo representación política después de la conformación de las listas.
Más allá de las responsabilidades particulares, el problema planteado es de fondo:
¿Puede construirse una alternativa política si las organizaciones que deberían trabajar juntas terminan enfrentadas entre sí?
La respuesta de los participantes es negativa.
La unidad, desde esta perspectiva, no puede reducirse a una fotografía electoral ni a un acuerdo coyuntural entre dirigentes. Debe convertirse en una práctica política permanente en los territorios.
La crítica al “todo vale”
Otro de los cuestionamientos formulados durante la reunión estuvo dirigido contra lo que se denominó la política del “todo vale”.
La expresión hace referencia a una práctica política en la cual las alianzas, acuerdos y decisiones electorales terminan subordinando los principios programáticos a intereses individuales o particulares.
En la intervención se cuestionaron experiencias anteriores en Santander en las que, según los participantes, dirigentes de sectores progresistas habrían establecido acuerdos políticos con candidatos a gobernaciones y alcaldías sin que existiera una participación efectiva de las organizaciones sociales que habían contribuido previamente al proceso.
La crítica no pretende desconocer las dificultades propias de la política electoral.
Por el contrario, plantea una pregunta que debería ser discutida abiertamente:
¿De qué sirve conquistar espacios institucionales si las organizaciones sociales y comunitarias que hicieron posible esos procesos terminan sin capacidad real de decisión?
La respuesta exige una evaluación autocrítica.
El poder político y la realidad de los territorios
Durante la reunión también apareció una reflexión particularmente significativa: ganar un gobierno no necesariamente significa transformar las relaciones de poder.
La experiencia del gobierno progresista se utiliza como punto de partida para preguntarse qué ocurrió en los territorios, por qué muchas expectativas sociales no se materializaron y qué errores deberían evitarse en el futuro.
La discusión plantea una diferencia fundamental entre administrar el Estado y construir poder popular y ciudadano.
Una transformación política sostenible requiere organizaciones comunitarias fuertes, participación ciudadana, control social, capacidad territorial y mecanismos democráticos que permitan que las decisiones no se concentren exclusivamente en dirigentes o representantes institucionales.
Por eso, una eventual nueva etapa de unidad debería estar acompañada de una profunda evaluación crítica de las experiencias anteriores.
La amenaza que los participantes identifican
Los representantes que intervinieron expresaron una preocupación frente al avance de corrientes políticas que calificaron como neofascistas, autoritarias y ultraderechistas, y advirtieron sobre posibles escenarios de persecución política y debilitamiento de derechos.
También denunciaron lo que consideran una creciente subordinación de los intereses nacionales frente a intereses extranjeros.
Estas afirmaciones corresponden a la posición política expresada por los participantes y, por tanto, deben entenderse como parte del debate político y no como hechos demostrados por sí mismos.
Sin embargo, independientemente de las etiquetas utilizadas, existe una cuestión democrática que sí merece discusión:
¿Cómo responder colectivamente ante cualquier intento de restringir derechos civiles, sociales, sindicales, ambientales o políticos?
La respuesta propuesta es la organización y la movilización democrática.
Santander como escenario estratégico
La propuesta adquiere una dimensión particular en Santander.
Los participantes señalaron problemas relacionados con el empleo, la industrialización, los servicios públicos, la seguridad, el transporte, la gestión urbana y la situación ambiental del territorio.
También hicieron referencia a la necesidad de defender ecosistemas estratégicos como el páramo de Santurbán, convirtiendo la defensa ambiental en uno de los componentes de la agenda política regional.
Santander no puede limitarse a ser un escenario electoral.
Debe convertirse en un territorio de organización ciudadana permanente.
La construcción de una coalición regional tendría que partir de las problemáticas concretas de las comunidades: empleo, salud, educación, vivienda, servicios públicos, ambiente, movilidad, seguridad, infraestructura, economía campesina y participación ciudadana.
“Unidad para luchar”
Quizás una de las frases más significativas de la reunión fue:
“La unidad para luchar.”
No se plantea una unidad basada exclusivamente en declaraciones.
Se plantea una unidad con capacidad de acción.
Una unidad que permita organizar a los diferentes sectores alrededor de objetivos comunes y que, llegado el momento, tenga capacidad de movilización nacional.
En ese sentido, los participantes propusieron que el encuentro nacional previsto para los días 11 y 12 de septiembre en Bogotá avance hacia una propuesta organizativa nacional y territorial.
La aspiración expresada va incluso más allá: construir las condiciones políticas y organizativas para una eventual movilización nacional y un paro cívico, siempre dentro del marco de la acción política y social colectiva.
De las palabras a la organización
El principal desafío ahora es evitar que la propuesta de unidad quede reducida a un nuevo documento político.
Santander ya tiene una larga historia de organizaciones sindicales, comunales, campesinas, ambientales, estudiantiles, políticas y ciudadanas.
La pregunta es cómo articular esa diversidad sin destruirla.
Una coalición democrática no debería exigir que todos piensen igual.
Por el contrario, debería establecer unos mínimos comunes:
Defensa de la democracia.
Defensa de la soberanía nacional.
Defensa de los derechos sociales y laborales.
Defensa del medio ambiente y del agua.
Defensa de los servicios públicos esenciales.
Rechazo a cualquier forma de persecución política.
Respeto por la diversidad política, social, cultural y territorial.
Participación efectiva de las organizaciones sociales.
Transparencia en los acuerdos políticos.
Democracia interna y toma colectiva de decisiones.
Control ciudadano sobre los representantes elegidos.
Sobre esos mínimos podría construirse una verdadera unidad en la diversidad.
Un Frente Amplio, no una nueva división
La discusión planteada en Santander contiene una advertencia que no debería pasar inadvertida.
Si cada organización pretende construir su propio pequeño espacio de poder, la fragmentación continuará.
Pero si las diferentes expresiones políticas y sociales son capaces de reconocer sus diferencias y, al mismo tiempo, identificar aquello que las une, puede abrirse una nueva posibilidad.
El Frente Amplio por la Vida tendría sentido precisamente si logra convertirse en un espacio donde puedan encontrarse quienes no pertenecen al Pacto Histórico, quienes sí hacen parte de él, los independientes, los movimientos sociales, las organizaciones comunitarias, los ambientalistas, los trabajadores, los campesinos y los ciudadanos que quieran participar.
No se trata de que unos desaparezcan para que otros prevalezcan.
Se trata de sumar.
El verdadero desafío
La unidad política no se decreta.
Se construye.
Se construye escuchando al otro, superando el sectarismo, reconociendo errores, estableciendo reglas transparentes y, sobre todo, recuperando la confianza de las bases sociales.
Santander necesita una discusión política seria sobre su futuro.
Necesita preguntarse qué modelo de desarrollo quiere, qué tipo de ciudad y territorio desea construir, cómo defenderá sus recursos naturales y cómo garantizará empleo, educación, salud y oportunidades para sus ciudadanos.
Pero también necesita resolver un problema político fundamental:
¿Seremos capaces de dejar atrás las pequeñas disputas para construir una fuerza colectiva capaz de defender aquello que tenemos en común?
Ese es, finalmente, el desafío que plantea la propuesta del Frente Amplio por la Vida.
No se trata solamente de ganar unas elecciones.
Se trata de construir organización.
No se trata solamente de alcanzar el gobierno.
Se trata de construir democracia.
Y no se trata de que un sector venza a otro.
Se trata de que la diversidad política y social de Santander encuentre un camino común para defender la vida, los derechos, el territorio y la soberanía.







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