Entre la negligencia y la pretensión de coima
Por Rubén Fernando Morales Rey
La situación actual de Metrolínea ha pasado de ser una tragedia de movilidad a una comedia de errores jurídicos y financieros. Resulta sospechoso que candidatos de distintos espectros políticos sugieran que el erario público asuma las deudas de los socios privados de Metrocinco Plus y Movilizamos.
Desde la arquitectura y la planeación, el fracaso es evidente. Un proyecto que nació bajo la promesa de modernidad terminó siendo un detrimento patrimonial. Es fundamental recordar tres puntos básicos:
Naturaleza del Activo: Las vías y estaciones ocupan espacio público. El municipio cedió el uso, no el dominio. Por tanto, la amenaza de "embargos millonarios" carece de sustento ante la inembargabilidad de los bienes públicos.
Riesgo Compartido: Los privados salieron de un modelo de transporte tradicional para entrar en una alianza público-privada. Si el modelo fracasó por fallas en la proyección de la UIS y las interventorías, el riesgo es compartido. Pretender que el Estado cubra el 100% de la pérdida privada es un ataque al presupuesto social.
La Omisión Criminal: Las alcaldías de las últimas dos décadas permitieron el desmantelamiento de activos por falta de seguridad básica. Eso es responsabilidad administrativa, pero no justifica el pago de deudas privadas.
Hoy volvemos al modelo anterior por pura necesidad. Es una transición obligada. Pero esta transición debe ser transparente, sin "jugaditas" y con una visión de ciudad que integre el norte, el sector de la Virgen y la infraestructura del Café Madrid. La liquidación es el único camino legal; lo demás, huele a podrido.

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