Fracking "inofensivo"? Oro SI Agua NO?


Por Rubén Fernando Morales Rey 

Doña Lesly Adriana Cifuentes, en su artículo de Vanguardia,  Lea Aqui La Nota plantea el problema del petróleo y el agua, y pone en el centro dos conceptos clave: la “alianza anti fracking”. Sin embargo, omite desarrollar el término “fracking”, dejando el análisis incompleto y reduciendo el problema a una aparente condición natural, como si se tratara de simples “resumideros” de petróleo y agua.

Pero el fracking —la fracturación hidráulica con agua— no es un fenómeno natural: es una intervención directa que altera el equilibrio del subsuelo. Su omisión no es menor. Al no explicarlo, se suaviza el debate y, en el fondo, se acomoda a lo que ciertos sectores políticos y económicos de Santander quieren escuchar: una narrativa “pro-fracking” y “pro explotación de oro”, incluso en territorios sensibles como Santurbán.

Quienes vivimos en Barrancabermeja experimentamos otra realidad. No es una metáfora decir que, en el baño cotidiano, el petróleo parece escurrir por la piel. Esa misma contaminación está presente en la naturaleza, en el aire que respiramos, en las nubes que circulan por nuestras “autopistas” atmosféricas. Es el resultado del deterioro progresivo de las defensas de la tierra, que impacta directamente la salud humana y contribuye al calentamiento global.

El problema no son los “resumideros naturales”. Esos son efectos visibles. La causa está en la contaminación subterránea derivada de los pozos, tanto activos como inactivos, y en las prácticas extractivas que los rodean. Al sumar fracking y explotación aurífera, la ecuación se vuelve crítica: agua, fracking y oro conforman un triángulo de tensión entre vida, muerte y rentabilidad económica.

Se encienden alarmas, sí, pero se quedan cortas al momento de señalar causas y proponer soluciones reales. Bajo el discurso de la “estrategia del agua”, muchos columnistas exaltan ideales, pero evitan nombrar el núcleo del problema: la relación entre fracking, extracción de oro y el lucro asociado al petróleo, todo a costa del agua y de la vida.

Ese es el verdadero debate: supervivencia y equilibrio frente a una supuesta “sostenibilidad” que, en la práctica, puede significar envenenamiento progresivo. Aquí ya no estamos ante un dilema periodístico, sino político y económico.

Se habla de transición energética. Algunos la plantean gradual; otros, urgente. Pero la vida no admite términos medios cuando está en riesgo. Una vida envenenada sigue siendo vida envenenada, así se administre el veneno en pequeñas dosis.

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