Los 8 candidatos que se disputan el vacío del poder

 


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Por Rubén Fernando Morales Rey

Las bases de Colombia Humana (CH) ni del Pacto Histórico (PH) en Santander aceptamos las alianzas de la línea de Gloria Flores con el Centro Democrático, representado por Jhon Velásquez, alcalde de Barrancabermeja, y su esposa Laura Ahumada.

Gloria Flores les entregó su única cuota al Senado por el PH y puso a sus pies seis candidaturas a la Cámara de CH y PH. En las elecciones regionales actuaron de la misma manera, aliándose con la derecha y con el dinero de Díaz Mateus.

Además, niegan el legítimo aval ganado en consulta por el juez Rubén Fernando Morales Rey, demostrando que prefieren sacrificar a los suyos antes que ceder el poder.
Matan a los propios y negocian ventajas envenenadas con el Centro Democrático.

Aceptar este “sapo” de CH y PH sería traicionar a los obreros y al pueblo de a pie.
Porque los medios no justifican los fines: Gloria entró con el discurso obrero y ahora sale multimillonaria, sin moral ni entrañas.
Hoy, PH y CH están en cuidados intensivos, y el médico es De la Espriella...
El resultado: destripamiento político y moral.

Comentarios

  1. En estas elecciones atípicas, Bucaramanga vive un momento clave. No se trata solo de elegir quién termina el periodo de alcalde, sino de decidir qué tipo de ciudad queremos ser: una que repita los mismos errores o una que se atreva a cambiar en serio.

    El artículo de Corrillos dice que la izquierda está dividida porque Rubén Fernando Morales también se lanzó, además del candidato del Pacto Histórico. Pero esa mirada se queda corta. Morales no representa una división por capricho, sino una voz que viene de abajo, de la gente que se cansó de los acuerdos por arriba, de las mismas élites disfrazadas de cambio.

    Su candidatura nace del desencanto y la necesidad de coherencia. Habla de justicia, de respeto a la ley, de equidad y de que la política debe servir, no servirse. Eso puede incomodar a algunos, pero también despierta esperanza en otros que ya no creen en los viejos partidos.

    Más que una fragmentación, lo que se ve es una búsqueda de renovación dentro del campo progresista. Bucaramanga tiene derecho a escuchar más de una voz alternativa, y el voto no tiene que ser obediencia, sino conciencia.

    El reto para la ciudad no es solo elegir entre izquierda o derecha, sino entre la repetición o la honestidad, entre los proyectos que se arrodillan ante el poder y los que se la juegan por la gente común.

    En el fondo, esta elección nos pone frente a una pregunta simple pero profunda:
    ¿seguiremos votando por los mismos, o le daremos una oportunidad a quienes quieren cambiar de verdad la manera de hacer política?

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